viernes, 16 de septiembre de 2016

Yo no te sueño





No creas
que es extraño que yo no te sueñe,
ese lugar, por fortuna, aún
no te pertenece.

Despertamos en camas ajenas
y cien hombres verdes pequeños se lanzan al río.


Son otros los que me sueñan
aferrados al tiempo
ebrio, que acaso no fue.

Y vienen
a pedirme ayuda
desde pasillos sin puertas
donde se me abalanza la noche
de los caballos rubios en extinción.

En la casa de mis padres
hay bolsas negras
que me deletrean y
una ensaladera en el suelo
es una llamada de intención.

En los bordes del sueño están ellos
como no eran
antes de ser
lo que fueron.

Y yo me introduzco en las venas
de esta fuente que implora
e intento cordura
como si fuera
un ángel redentor.

Pero el sueño es un sueño
y exige locura,
cebollas con patas
y un golpe de arroz.

En los armarios
mohosos de la memoria
autovías de una sola
incapacidad,
sin señales borrosas, tan sólo,
las gotas de polvo,
los golpes de agua,
 
la extensa derrota del fuego abrasado
temblando en la orilla de la rendición.



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