jueves, 25 de mayo de 2017

Cargas de progundidad relativa





No hay maleficio o costumbre
en esta línea plana que me demora
y endurece mis piernas como raíces de hierro
y me ata al suelo con febreros de plomo negro.


Tras el ancla del tiempo febril
intuyo la sombra más fiel que me delata.
El cuerpo asiste desabrido a la derrota
y busca abrigo allá donde las piernas marcan
el ángulo isósceles invertido.


Mi levedad es el germen
desde el que amanezco perenne e inconcluso
visitante desconcertado de las voces y los ecos
que como manto de enero nos salpican.
 

Cansancio de rodar por un otoño inapelable
con sonidos hipócritas a las puertas de una boca
que ha de salvarme cada día
como si fuera el último.


Habrá que recordar que hay que hacerlo
el movimiento la matriz la fuerza.
Que la arena no ceja en perpetuarse
descendiente de la piedra y compañera.
Que todas las mañanas del mundo
me contemplan con su luz.
Que el riesgo es caliente como una choza
y finalmente irreversible.


Y que el girasol ya estuvo allí
dando la vuelta al modo
mucho antes del nosotros.





lunes, 22 de mayo de 2017

[Es distinta la noche desde un tren]




Es distinta la noche desde un tren
puedes ver ciudades en estado latente
brillos profundos como la muerte cuando llega
sin señales y a una hora distinta a la acordada


es distinta la noche cuando no estás y estás
o eres otra noche que desde fuera
de los cristales bañados de noche
mira con humedad en los ojos mi reflejo
los raíles tiznados de nieve


la oscura materia se desliza en bandadas de noche
mis ojos no pueden verla y se apagan
desde dentro la luz es una llama intermitente
un cuerpo frío donde ocultarme de mí


la noche se detiene a mirarnos a las cuatro y treintayocho
como un incendio reverbera en el sueño
nos acuna en distancias siderales
y plantea al azar una pregunta.



Amanecerá y el mar será algo más que una promesa
te encontraré en el vagón bar recién lavada
tú no me reconocerás cuando pase y apenas te roce

los dos llevaremos el mismo libro:
 

Una vez en Europa, John Berger




miércoles, 17 de mayo de 2017

in / com





tic com in com tac
des com in com tac
chrome skype space
whatsapp youtube online
playstore iphone dropbox
videochat internet
instagram facebook
twitter webcam
 reset
reset
reset

cuenta atrás
la plataforma del bit
desconfigura el on
el contexto explota al fin
contacto       o       sin tacto
el tedio tiene la nuca en stand by
in com unica me
in com unica te
in com unica nos
lanza a la enredadera la electrónica
entra en el agua sin retórica
escupe la sal lame la piel vencida

TócaMe
TócaTe
TócaNos



domingo, 14 de mayo de 2017

[Aunque la tarde lleve un viento negro]





Aunque la tarde lleve un viento negro
pegado a sus sienes como un parche
y el mundo y su sustrato
sea una manzana en proceso de locura.


Aunque te señale y no vengas.
Aunque te señale y vengas.


Y a pesar de todo abramos los abrazos
en el árbol mojado que no sabemos nombrar.


Aunque la palabra tirite en los páramos
de la estupidez con una fría losa
encima de sus párpados

sea necesaria la necesaria hora
en que nos parapetamos en ella
como hermosos disidentes
resistentes al tiempo que nos dobla.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Reseña crítica de Como soles patagónicos en Revista de Letras de La Vanguardia





http://revistadeletras.net/sanchez-guallart-insurgencia-poetica/





Insurgencia poética





 






Eloy Sánchez Guallart | Foto: José Saiz




Tener entre las manos un libro de poemas cuyo título es Como soles patagónicos invita, cuando menos, a averiguar el significado de esa aparente metáfora titular. Y es precisamente ahí, en este —a priori— poco revelador mensaje donde se encuentran las claves para ir descifrando este salvoconducto de la conciencia.


El calor de lo cercano y apacible (soles), el frío de lo lejano y tal vez inalcanzable (patagónicos). Entre estas dos ópticas, corrientes, tesituras, realidades o utopías, Eloy Sánchez Guallart (Castellón, 1963) presenta la urdimbre de su segunda obra poética, un discurso marcado por la rabia pero también por la esperanza.


Publicado en la colección Astrolabio del sello editorial castellonense Unaria Ediciones, Como soles patagónicos se presenta al lector dividido estructuralmente en cuatro actos. Es significativo que el orden de estas divisiones sea a la inversa, es decir, el primer bloque corresponde al número tres, el siguiente al dos, y así sucesivamente hasta llegar al último bloque, que no es el uno, sino el cero. Una cuenta atrás, se nos acaba el tiempo para reaccionar como seres humanos enfrentados a su propia moral. Esa zona cero o epílogo final es mucho más breve que las anteriores, pero en ella se resuelve el acertijo del título y, no por nada, pone punto final al poemario con la palabra combate.






Esta insana realidad en que vivimos necesita de poetas subversivos, de artistas que no acepten la injusticia como trivialidad ni acaten la corrupción como norma. La dimensión interior del ciudadano medio está acotada por imposiciones capitalistas, y por ende, servidumbres materiales. Casi sin advertirlo coexistimos y sobrevivimos en una sociedad enferma que lastra tradiciones y defectos por sistema y potencia su deshumanización con cada avance tecnológico.

Sánchez Guallart es un poeta comprometido, dota a su poesía de una característica tensión en el lenguaje que, si en Manifiesto asténico —su anterior obra— se intuía como sesgo autoral, en Como soles patagónicos se intensifica y revela como consecuencia formal de un fondo que busca sublimarse en la palabra.






Este libro es una descripción —en primer lugar— en primera persona del mundo que rodea al poeta, y una reflexión —en segundo lugar—, por esto mismo, acerca de una realidad más social que metafísica. Sin embargo, el lirismo de Sánchez Guallart trasciende —no sabemos muy bien por qué resorte— y aquello más allá del cuerpo, lo inefable, constituye un universo simbólico con el que descifrar lo cotidiano.


Y es que la poesía de este autor castellonense está llena de matices y referencias, como por ejemplo las referidas al mundo del cine. Su vasta experiencia cinéfila lo provee de habilidad para encontrar analogías entre el mundo real y el representado en el séptimo arte. Pero también de la música beben estos versos, valiéndose de elementos de estas dos artes el poeta circunscribe y fecha a menudo y singularmente cada poema en un marco pictórico-temporal.


Este hecho también es llevado a cabo mediante referencias socio-político-culturales contemporáneas. La realidad es el modelo a pintar (salvar, cambiar, proteger), una realidad que se filtra en los poemas, a veces de forma violenta, e invita al sometimiento por defecto y a la acción —por lo que en ella todavía hay de necesario— por ese arrastre hacia el abismo al que está sometida, víctima de un capitalismo oligárquico-cainita.



La búsqueda de un sentido a lo absurdo y mecánico de argumentos cotidianos justifica el irracionalismo poético. La armonía, el silencio, se convierten en baluartes ideales frente a sus antónimos reales, balas de fogueo que en manos del poeta-actor contrapesan una balanza sobrecargada de sombras.


“[…] Y pequeñas muertes que se sientan a la mesa
y educadas esperan su turno de comida”.


Los versos de Sánchez Guallart son blancos y libres, en ellos el poeta hace un uso restringido de la coma. Esta apreciación hace proclive la interpretación particular del lector en cuanto a, no solo lo que al ritmo concierne, sino también al sentido de algunos versos. También invita a leer cada poema, al menos, dos veces, pues esa composición de lugar puede reconfigurarse por muchos motivos en una segunda lectura. Como sabemos, un texto, en condiciones normales, puede que no ofrezca todo su mensaje tras una primera lectura, menos aún si es poesía y todavía menos si el poeta utiliza recursos estilísticos, sintácticos y retóricos, como Eloy Sánchez Guallart.


La poesía de Como soles patagónicos alza su vuelo sobre rupturas gramaticales, usos anárquicos del espacio textual, elipsis e irreverencia ortográfica (ausencia de signos en el poema ¡Hola!), entre otras cosas. Su disentimiento moral y argumental contra la tendencia global de la sociedad trasciende al propio lenguaje, así durante ese proceso de cuenta atrás asistimos a una transformación parcial del tono lírico. Los interrogantes van abundando más y más en los versos, aumentan las preguntas y las palabras compuestas, las aposiciones sustantivas; de lo testimonial pasamos a lo contestatario, no sin advertir nociones experimentales, como la utilización de eslóganes publicitarios y titulares de periódico, bien como cuerpo del poema o como estrofas alternas del texto poético.

Si en el poema titulado Ciudad desidia los versos tienden morfológicamente a una naturaleza prosaica:


“En lugar de río una plataforma intercambiable
tiene la ciudad que me patea y reza satisfecha en sus estigmas”.



en Los más el poeta utiliza ya sin titubeos la prosa poética:


“Desbordados de ceguera hasta los hombros, ciudadanos sin cartilla,
espuma ante la piedra artificial que ha sido edificada desde los centros
neurálgicos de la insidia”.


La problemática social (general) y todas sus consecuencias intelectuales (particular) son un subterfugio generativo para Sánchez Guallart, quien despliega su particular laboratorio de escritura exploratoria  justo dónde y cuándo más se necesita. La tierra se mueve bajo nuestros pies, la información bulle, muchas veces, teniendo poco o nada que ver con la realidad. Algunos afirman que estamos asistiendo al cambio hacia una nueva era, que seremos testigos de la cuarta revolución industrial y que la próxima guerra mundial será la última. La poesía de Sánchez Guallart apela a nuestra conciencia, el poeta se revela humanista y su poesía, arenga. Síntesis moral de su propio cisma de fuerzas antitéticas, estos inconformes versos no son nada gratuito, responden a una necesidad vital y reflexiva, de insumisión y defensa de los valores humanos. Cada poema es un cadáver exquisito de la crónica de nuestros días, un brote de esperanza que busca su propagación en análogos disidentes proclives a su contagio.

Y para terminar, un poema íntegro del libro.



Siendo



Si tengo este abismo
de voces lleno
de pisadas con barro hasta la frente
de andamios colgando
de una rama parapléjica

es que estoy vivo en un 97 %
y hasta mi autómata me pide
extender su autonomía.

Si doblo mis ojeras
en la mesita cada noche
y las cuelgo en una percha
-no necesito los ojos para tocarte-
es por necesario descanso
(hombre blanco, primer mundo, clase media en proceso de derribo,
49 años, 1'65, sin tumores conocidos)

Si no me hago a un lado
arderé en el cortejo.
Si no me doy la vuelta
y os miro a los ojos
si ensancharan las calles y pudiera
escribir sin costuras
todo lo que le falta a la palabra
para hacerse necesaria.

Así estamos
los unos por los otros
y sin los otros.









Sobre el autor



José Antonio Olmedo López-Amor (Valencia, 1977). Escritor y poeta, crítico literario y cinematográfico, ensayista, cronista, articulista, divulgador científico. Titulado en audiovisuales. Redactor y colaborador en más de treinta medios de comunicación digitales e impresos.