jueves, 31 de diciembre de 2009

sombras

son solo sombras los amantes
que el viento, el mar y la arena
acompañan
mientras un cínico sol de diciembre
juguetea con sus pasos




miércoles, 30 de diciembre de 2009

Llueve.



Llueve,
por fin llueve
agua temprana,
suave lluvia de otoño
cae.

Menudas gotas
repiquetean
sobre el cristal y resbalan,
y vuelven a caer.

Y un recuerdo
incansable moldea
mi soñar.
Es un deseo perdido
entre sombras añoradas.
Es una sonrisa breve
en un rostro sin espinas.



Voló.
Pasaron
mariposas voladoras
de flor en flor.
Pasaron.
Huyeron ya
los recuerdos.

Despierto.
¿Soñé?
¿o fue una mariposa
regresando del oscuro
laberinto del vivir?

La calle desierta.
Soledad por todo.
Llueve
Llueve.
Llueve ...




lunes, 28 de diciembre de 2009

martes, 22 de diciembre de 2009

Ojos negros.*







("Ojos negros" es una película de 1987 dirigida por Nikita Mikhalkov e interpretada por Marcello Mastroianni, Silvana Mangano, Marthe Keller y Elena Sofonova)



¡¡¡Sabachka!!!
gritó Marcello enamorado
cabalgando un carromato que cruzaba
la frondosa estepa rusa.

Buscaba una quimera, un azar, un desencanto,
algo tan espúreo, tan ufano
como una fábrica de cristal en la profunda Rusia.

Chejov movió una ceja
y eclipsó la primavera prusiana
de aquel homérico balneario
en el que la dama blanca,
azorada hasta los huesos,
conoció la alegría soberbia -entre Fellini y Visconti-
de las carreras de sillas,
el chocolate caliente de los sábados soleados
y el enérgico calor de las piscinas turgentes
bañadas de nenúfares y aromas.

Pero el tiempo,
enemigo de lo nuestro, y de lo suyo,
les equivocó el paso.

La dama del perrito
abandonó el blanco impoluto
y dedicó el resto de sus vidas
a la apática reunión de los domingos.

Marcello, el indeciso consorte,
regresó al redil de los oscuros
burgueses de misa diaria y atril
para las buenas obras.


Todos los caminos les devolvieron sus huellas
y don Anton (Chejov) -tan demiurgo-
iluminó sus aburridas vidas con el candil de un recuerdo
.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Diciembre.

..........
.........
........
.......
Sobre la esquina, con desdén cayo el crepúsculo,
es el viento una gris algarabía
y los perros se afanan en alargar el paso.
......

.....
....
Pasan por la avenida los últimos pájaros tristes
que la noche inventa para ser más noche.
...

..
Pero hoy la vida es roja, como la buena sangre
y no quiere, dura y alegre, abrazar el gris diciembre.
.

He llegado, mujer. Ven y caminemos.



martes, 15 de diciembre de 2009

mujer de todos mis días

... la amaba como un niño,
así, a remolque de los hombres,
dando saltos,
viendo como a nuestro lado se abrían los abismos ...
vivir era un juego, casi sin quererlo,
estaba el mar tan cerca y su boca
tan húmeda, cuando reía ...
... la amaba como un niño, atolondradamente,
el dios creado y recreado nos levantó un altar
y fuimos fuertes a fuerza de sufrir los golpes más ariscos,
siendo felices a nuestro modo,
llorando lo justo y necesario,
pero había ciertas espadas que amenazaban con cercenarnos ...
... la amaba como un niño
y hoy la recuerdo, mujer soñada,
mujer de todos mis días,
hoy la recuerdo de nuevo
y dibujo su boca en una nube
la divina geometría de unos labios
que me hablan
que vienen a mí
.................. de nuevo ....................

lunes, 14 de diciembre de 2009

Dormir.



Dormir a tu lado,
aquí
donde la noche pierde su nombre
cansada de esperas y estertores,
es el mejor antídoto
contra le pereza y la pobreza.




viernes, 11 de diciembre de 2009

Fragmentos de una cronología del azar.

Fotos tomadas en mi ciudad en un día cualquiera en que, como tantos otros, regreso del trabajo caminando, y fijándome en cosas que normalmente no miro.



I love London in December

Naturaleza suburbial


Collage


Un Azul mentiroso


Dieta mediterránea

Naranjas y peatones

Brujas en tiempos de crisis

miércoles, 9 de diciembre de 2009

-amor?




Levanto el vuelo y encuentro
una superficie rasa de cielo electrizante,
y la piel de ella, enfebrecida,
en el hueco, en el último resquicio,
en el más brillante de los silencios.

Cruzo los mares y babosas las espumas
me deslizan con sigilo,
carne con carne, sudor sin rapto
de dos mareas que se encuentran con estruendo.

Me enfurezco de pronto, abandono las alas
y retumba el júbilo de mi ser desgajado.

En picado me abalanzo, ya sin dudas
y no reconozco más sonido que sus pétalos brotando
de unos muslos graves que friccionan
los jugos nocturnos del amor
-amor, una extraña palabra
para ilustrar a dos cuerpos
que se recorren, dichosos
de reconocerse en cada euforia-

sábado, 5 de diciembre de 2009

Tú, yo, y todo lo demás.






con tu pijama leve
y tu sonrisa a rayas
blancas y azules
como un mar en invierno.

Yo
con mi coraza de lunes
cansado,
de un hipócrita diciembre
con sus fastos, sus luces, sus mentiras.

Tú,
la antítesis de mis tesis
extraviadas,
perdiéndote en el marasmo
de libros, arenas, espumas, anhelos.

Yo,
con la rabia adosada
a mi pedestal de nubes
surcando la nada, tan lento
como el renacer de este indescifrable otoño.


Tú,
Yo.
-dos olas paralelas-
dejamos que el tiempo
nuestro feroz enemigo
nos devore las alas,
sin lucha.


viernes, 4 de diciembre de 2009

( .... )


( ... Hoy soy
un paréntesis
naúfrago de palabras
tuyas
que me lleven a las costas
cálidas
de un verano
que fue ayer ... )


lunes, 30 de noviembre de 2009

La rabia.

Algunas veces la rabia se me instala en los huesos
y envenena mis gestos y mis manos.

Algunas veces la rabia es fiel aliada de insomnios
-raídas paredes, mohosas ventanas,
pulmones de amianto-,
de rabia,
de infinita rabia,
rabia en los dientes,
inútil rabia.

Algunas veces el dolor no tiene la forma
perfecta, geométrica, de un prisma,
pero anida en los resquicios
más lúgubres del otoño,
y se inventa crucigramas imposibles
reptando como un alien invisible
buscando una salida
hacia la luz diminuta.

Algunas veces la rabia y el dolor deciden ser una sola llama
y es cuando necesito una pluma,
un vendaval, un faro
que señale la luz a los abrazos.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Como Marlon Brando en París.



Como Marlon Brando en París
cuando aquel tango, último,
me desgajo en un punto, perdido,
y lloro en tus pechos oscuros
y rebano silencios que envuelvo
en brillantes papeles de regalo.

Como Marlon Brando en un tango,
aquel, último en París, yo soy
lo que no debiera ser y soy,
aquí abajo y sin dejar entrar
vientos, alas, ojos, tuyos,
los días azulados de este invierno.

Como Marlon Brando, el último
que bailó en París aquel tango,
yo no quería nombres ni palabras
y buscaba ciego un cuerpo a amar.

Me quedé así, inane y fugitivo,
y quise que vinieras, no muy tarde,
cuando dejó de sonar aquel
último tango, en París y yo
no era Marlon Brando, y tú
no estabas, en París,
tu París,
último.


jueves, 26 de noviembre de 2009

Coronas y flores.


Te pienso en días de coronas y flores,
días sin juicio, de sentirme tan extraño
abrazado al vacío de tu inmensa deshora.

Es casi morena,
sus ojos dos almendras que ríen con las lluvias,
sus manos,
aristas como labios,
su risa
... es un tremendo terremoto.

Me mira a los ojos y no sé que hacer con ella.
Me hago el fuerte. Me agiganto.
Le cuento cosas que invento.
Le digo que es muy cierto.
Sus labios geométricos me dicen que me creen.

Cuando estamos solos jugamos con las sábanas

de otros.
Me dice que ...
tantas cosas por hacer
y nosotros aquí
sin números ni escaleras,
sin máquinas,
sin cielo apenas para acunarnos
sin todo,
con nada.
Pero también llora como una amapola
tras una lluvia no deseada,
y es así como crece, como una nube blanca,
como ...
(Pero ella no sabía ...
que hoy es siempre todavía)

martes, 24 de noviembre de 2009

Playmaker (... o un poema sobre basket).



La mirada alta, y concentrado
el gesto.

El salto seguro
y la finta
elegante, que deja
al otro confundido.


El círculo girando sobre su propio eje
suspendiendo el tiempo y las miradas
y el finísimo chasquido victorioso
que palpita en esas manos agitadas
ávidas de furia y de sonidos.

Esa mirada de lince que luce el playmaker
busca cómplice
un raudo batir de alas
para asomarse al balcón de los descuidos
y servir un buen cóctel de asistencias.


La cabeza alta, y concentrado
el gesto,
buscando,
encontrando
soluciones a las tramas
matemáticas impuras:
tableros, estadísticas, pizarras.

Sueña el playmaker con segundos finales
-diez, nueve, ocho, siete ... -
y un mínimo latir de relojes
extasiados
ante la maravilla de un pase
-seis, cinco, cuatro ... -
la finísima, o enésima finta
o el tiro aquel que paró un instante
-tres, dos, uno ... -
el tiempo
de las vidas
de unos pocos.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Dulce abismo.

Dulce abismo,
tan cercano,
y tan solo, en el horizonte,
como una llamada al silencio
al recuerdo de las dulces noches distantes.

Ahora ya no existen las luces amarillas
ni aquellas sábanas que conocimos
cómplices de elipsis y de manos
abrazando los minutos verticales
de un tiempo ajeno
tan huérfano de aguaceros.

Cuando decline el fulgor en tus ojos
y caigan cenizas de tus dedos.
Cuando el viento sea, no más que el leve susurro
que ya no te acompaña, y el mar
un abrazo sin vida,
recuerda
que de los ojos con que me miras
nacieron las luces de todos mis mundos.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Atardeceres.




Son esos instantes del verano en que la luz se agota.


Los grillos atusan sus tupés y anuncian su canto letárgico en la noche.


Suenan lejanas las músicas de pueblos cercanos y los rostros exudan amor y verano.


Todavía la brisa no acaricia septiembre.


Esperan junto al camino las vides a los últimos amigos rezagados.


La belleza es nocturna y tiene aroma de antiguas hogueras.


Y la noche nos reserva sus placeres olvidados en la arena de otras costas.




Son esos instantes cuando la luz se agota y languidece el verano.


lunes, 9 de noviembre de 2009

Let's Get Lost. Carta a Chet Baker.



Dear Chet

La otra noche tu Almost Blue me hizo llorar
y no te perdono por haberme roto tu pedestal privado.
La otra noche soñé con virutas de humo y onírico cool jazz,
y atardeceres rosas en la playa de Malibú.
Surcábamos avenidas en un Cadillac rosa y hermosas mujeres me acariciaban el pelo.
En Venice Beach tu lánguida trompeta me dejó solo, como tantas veces,
y regresé a la bahía de los sueños
para escucharte en el Fillmore una vez más.
Desperté y te odié, Chet Baker
pero me reí contigo, tío
y flotamos a ras de suelo ...
pero no me diste lástima
tú,
seductor cara de ángel,
corazón de diablo.
Pobre Chet
caos atravesado de puro genio,
cumbre del silencio que precede al sonido.
La humilde trompeta fue su última compañera, su única compañera

sábado, 24 de octubre de 2009

Puentes que cruzamos.


Tú,
que no te vayas nunca,
sé tú, eternamente fugaz,
inaccesible tal vez,
pero siempre existiendo
en delirio, de noche, con fuego
o ardiendo tan lejos
que humaredas o vientos o esponjas
de jamás encontrarte,
de nuncas,
de adioses sin ira,
se vuelvan violentos,
gozosos
en la suprema dicha de afirmarte
(de afirmarme),
sabiendo que eres, que vives y gozas,
... porque tú no te vas
... no te vayas,
y si acaso un día
amaneces tan gris,
como sin llama,
no llores,
tendremos recuerdos de puentes que cruzamos,
y de viajes nunca planeados,
futiles sombras,
nuestras quimeras.

viernes, 16 de octubre de 2009

Pensar, o no.

Pensar en lo que comes.
Pensar en que la vida se escapa.
Pensar en el almuerzo de tu hijo.
Pensar en algo tan simple como el fútbol o el basket.
Pensar en los sentimientos, los padres, en el tránsito de las estaciones.
Pensar en una palabra tuya o un gesto tuyo.
Pensar en la cena, tan sencillo como decirte:
merluza con patatas y zahahoria
y aceite de oliva en tu plato.
Pensar en lo que tanto nos gustaría,
o mejor dicho, soñar.
Pensar que los días pasan, y los placeres pasan
y hay que agarrarlos de las alas y subirse a ellos.
O no pensar
y abrazarte al llegar a casa, de noche
y andar contigo por una montaña de la provincia
y tomarnos una copa mientras vemos la última de Wong Kar-wai
y disfrutar viendo como tu hijo disfruta
y así pasa el tiempo y los pensamientos
se mezclan con el oxígeno y la lluvia
y crean algo distinto,
o mejor
para tí, para mí, para todos.
Lo cogemos
al vuelo
y desaparecemos
pero dejamos un rastro
en la nieve venidera.

jueves, 13 de agosto de 2009

Pez Globo.



El Pez Globo nos saluda desde su atalaya,
mira de reojo nuestras armas, secándose al sol
y remoja sus espinas en las cálidas aguas.

No nos gusta verlo nadar, tan ajeno
a la belleza de las estaciones y los pinos.

Puede que tengamos que alargar el paso,
dejar atrás las abisales simas de los días impares
y recorrer ese sendero que orillando la playa
nos alcanza abrazados entre algas y mareas.