miércoles, 21 de septiembre de 2016

Extravío





Derramado en esperas
como los relojes de Dalí
por los pasajes recobrados
de la casa caliente
me dejó abrir al sudor
y no decir nada
es una opción recomendable.


Escucho el siseo
de pájaros clandestinos
alzo la mirada al cielo
y un avión me hace señales.


No percibo toda la claridad
que me permite esta nomenclatura.


Las plantas de exterior me rozan
al pasar junto a ellas
y nuestro dragón ya me saluda
después de tanto tiempo.


Miro hacia atrás
con los ojos hinchados casi planos
pero no queda nada.


Las voces están ahí
en la curva de un coche
que emprende una rutina
o dentro de aparatos
lanzando su metralla.


Y mi silencio añora
calidad de bosque.