lunes, 10 de abril de 2017

En construcción




Los armazones imaginarios
serán firmes columnas redondas,
titanes espigados como los brazos
de los hombres de cemento y yedra.


Las sillas se agruparán por colores
y el acero mezclará su gris
con las bridas y el espasmo
del resto de materiales.


En el espacio de luz
por el que brincaba la grúa
se situarán estratégicos, los lavabos,
donde una mujer de 32 años
se lavará la cara después de llorar.


Con el tiempo y la espalda
cediendo turno a la rutina
una chica peruana con una mopa
impoluta entre los dedos
reconocerá sin saberlo aún
un rastro de apatía pegado al suelo
como un chicle en el recinto de la felicidad.


Sentados en el andén central,
los ojos perdidos en sus móviles,
no verán bajar la tarde ni la forma
tan bella de expandirse en bandadas
que tienen ciertos pájaros.


Se cansarán los espejos
de reflejar plantas de plástico.
Rellenarán formularios
muchachas con el pelo recogido
y el cuerpo extenso bajo una nube
de tela azul celeste made in Bangladesh.


Terminarán a tiempo, cumpliendo los plazos
previstos, listos para despliegue, días atrás
de la próxima campaña.


Y taparán con su estructura
un doble rectángulo en mi cielo.





miércoles, 5 de abril de 2017

El otro lado de la cama





Sin avisos ni suturas
el paisaje en torno al nosotros
se hizo corazón y casi tarde
fue que nos recortamos el pelo
y pasamos el cubo a cuchillo
por las pisadas de barro
que alargaron la cocina con desdén
desde julio hacia al menos enero.


Antes de cosechar firmes augurios
envueltos en papel de hornear
decidimos sembrar semillas de verano
y reponer cabinas telefónicas
en las esquinas en que arrancaron los bancos.


No fue buena idea cambiar de lado
en la cama de todos los sueños
yo perdí a mi insomnio varias veces
tú cruzaste al costado desde el que mirabas.


Hay incendios que regeneran la tierra
y bucles de palabras que duelen como dagas.


Celebro la proporción y el sustento
ciertos detalles que me renuevan
sin dejar de untar con dulce
el cansancio que genera mi rostro reflejado.


Quisiera poder explicarme mejor
amar a todos los cuerpos
convertidos disidentes o asociados
declararlos singulares y bienvenidos
como haría mi madre si no fuera una alondra
pero hay veces en que el mundo
se unge con pinturas de guerra indelebles
y ciega las manos con un pavor extraño.
Entonces me repliego caracol y exijo lluvia
busco en el nosotros la obstinada fuente
que mana desafiante en las sequías
y leo poemas por inercia o por ejemplo.


lunes, 3 de abril de 2017

38 kilos




Y cómo llorarte ahora
que no eres nada
la nada al peso
exactamente
38 kilos
de masa prescrita
rodando a cuatro ejes
por un espacio caduco
de vida.


Me dicen
quedan las manos
buscando las manos
y el pulso abierto
de los recuerdos
que ya son
una quimera
troceada al gusto
del recordador.


Y estamos
todos aquí
claudicantes frente al modo
de fingir
somos correctos
fantásticamente
domesticados.


No hay botón
en este limbo o lugar
de cadenas de sal
que apague el peso
de la culpa
y borre de un click
toda una historia pactada.

Imposible así
con esta aceptación pagana
mirar con ver
para llenar las pupilas
y llorar así
una a uno
o gramo a gramo
cada todo
de los 38 kilos
que ahora
son la cuenta atrás
ya propulsada
como aquellas
de cuando éramos
los figurantes
en una infancia difunta.