jueves, 23 de febrero de 2012

nos nacen cada día




nos nacen cada día
con un rubor de apocado aguacero
nos engendran las ganas
de contemplarnos
aunque el mundo inunde sus vasos de tristeza
y los días repitan su letal paradigma
crecemos cuando aramos
surcos prístinos en camino arrasado
junto al letargo y la iguana
el mercurio difumina su desbocada armadura
su sabia pereza de ombligo
nos defiende del oficio
ardua tarea de embaucarnos
en relato incompleto que supure
restos de fiebre en el batir
de alas que proponemos
con saña irreductible en los anclajes

nos hurañan las mordidas nos transita
la hendidura que no pervierte el rescate
de luz en ojos mirándose ojos
en pieles palpando extremismos
hasta avivar el rescoldo dormido
en manos encaladas soñado sur
escapista amor meridional

nos miran con asombro no saben
que ella juega con las trenzas que nunca tuvo
y el guarda un traje de hombre triste
en su caja de música



4 comentarios:

Leonel Licea dijo...

Que no dejen de nacernos cada dìa, Eloy, porque no obstante puedan ser letales y tristes los caminos, arándolos crecemos.
Es un gran poema, Eloy. Con tu permiso lo mando a twitter.
Un abrazo.
Leo

Amando Carabias María dijo...

Tiene razón Leo. Poco hay que añadir a lo que comenta. Llega el efecto del mordisco a la piel.

Antonio Porpetta dijo...

En tu bello poema, Eloy, estamos todos, a poca sensibilidad que se tenga.
Gracias por tu comentario y un gran abrazo desde Madrid.

Sarco Lange dijo...

Nos saben y no nos quieren, dejemos la maleta en casa y huyamos con lo que tengamos puesto.