viernes, 20 de enero de 2017

Ritual de lo habitual





El silencio, aquí
tiene vertientes interminables.
Sabe de la inabarcabilidad del tiempo,
su natural estima por los ciclos.


Donde muere una hoja
se alfombra el camino
y el canto de un pájaro anónimo
está pintando de ocres
los árboles en la umbría.


En el lugar en que descansa mi espalda
una suma orgánica de restos
de los días fungibles y su patrimonio
me conecta hacia el centro del planeta.


Con los ojos cerrados, ya no soy,
me acumulo, energía o corriente,
en toda dirección cambiante.

Inútil tratar de comprender el pálpito,
el misterio giratorio, la espiral
que redunda en una raíz,
un caparazón, un verso.


Contemplar la maravilla
en las ruinas o en el paso
de una nube. Subirse a ella
en un descuido del sueño
para escapar del frío y su mecánica.