lunes, 27 de octubre de 2014

Divertimento Crash



El cementerio está cojo.
Le falta la limusina Cosmópolis
y un coche tuerto de alta gama
cuando la luz declina y son sólo las ocho.

Le falta un cadáver anómalo sobre el polvo rojo
sin identificar (Causa probable de la muerte:
sobredosis de líquido de frenos).

Camiones sin cuerpo. Amasijos. Grúas.
Y un Cronenberg de finales de los noventa localizando.
En la noche al cementerio le falta cintura
-hay coches fantásticos que no lo parecen-
y los monos no son azules blue collar
como antes del crack
sino color desierto hora del té.

¿No lo notas? Un olor a ausencia
de hidrocarburo? Falta la chatarra del poder
y no es pronto según dictan las encuestas.


En este lugar la oratoria es un sitio común
y en horas intempestivas he visto peces planos
atravesar paisajes desolados como en Arizona Dream.

Falta una nota ajena al subtexto que quedó olvidada
en el parachoques de un Corvette
o ese rastro de carmín en el salpicadero:
lo único que sobrevive
de aquella mamada sublime de mil novecientos noventa y seis.