domingo, 12 de octubre de 2014

Cabeza de Buda


La cabeza cayó escaleras abajo.
Dejó manchas de vino y grietas.

Sus pedazos son ahora
un amasijo de restos
junto al arroz con carne y coliflor
sobras del viernes
y las cáscaras de huevo.

Acompañan
la corteza rojiverde de una sandía
y otras cosas menores que rebosan olor
descomponiendo vida orgánica
e inorgánica.

Pero hay cabezas que
ya no podrán besar que
son como ramos en guerra que
esparcen jugos y cavidades de muerte que
aspiraban a una vida común de sufrimiento que

nos recuerdan qué somos
partículas elementales de una especie
en inexorable proceso
de auto destrucción.