lunes, 30 de junio de 2014

Insomne




Es un insomnio bicolor,
huérfano,
tan completo de aprendices
como de cometas negras,
tan liviano que parece
la superficie del mar a esa hora
en que los sueños aún no tienen
ventanas al mundo.

Recorro su latitud,
la anchura de la cama que lo proyecta
como arma arrojadiza,
la textura de sus vestidos,
los parches que liberan sus tres noches
igual que anticuerpos adheridos a aquello
tan poco palpable
en esas horas frías.

Mi insomnio tiene una vela afilada,
ata sus jarcias
a nubes pertrechadas
de agua primera.
Me oxida los tendones, alisa
los témpanos que me naufragan
cada vez que el sueño equivoca su vínculo.

Tres días largos y angostos
con pasadizos con vistas a hoteles
en fronteras móviles como dunas
donde mis brazos y piernas se agrietan
o cambian
súbitamente
su longitud y su certeza,
la cálida textura
de saberse extremidades.