domingo, 20 de enero de 2013

Reseña de Manifiesto asténico en la revista Alenarte


Eloy Sánchez Guallart. Una Propuesta de Mirada: "Manifiesto asténico". Por Amando Carabias.


Manifiesto asténico (Urania ediciones, 2012) es el primer poemario publicado por Eloy Sánchez Guallart (Castellón, 1963), al mismo tiempo abre la colección "Astrolabio" de la citada editorial que, a su vez, acaba de debutar en el panorama español de la poesía. Dicho de otro modo, los lectores nos encontramos ante un triple estreno, por así decir, lo que obliga -en primer lugar- a la sonrisa y al aplauso como muestra de cordial recibimiento, más aún, teniendo en cuenta los tiempos que corren.

A quien, como uno, siga la tarea de Sánchez Guallart, a través de su blog "Lágrimas en la lluvia"no puede sorprenderle ni el contenido ni la estética de este poemario, pues los 53 poemas que lo componen mantienen el mismo y personalísimo estilo de Eloy que me aventuro a definir como una zambullida sin apenas protección en mundos abisales y al mismo tiempo diáfanos. Sin embargo, para el lector que no haya leído su obra podría tratarse de una sorpresa, en cualquier caso, agradable.

En la contraportada de Manifieso asténico podemos leer el poema Proyecto que se ubica -¿casualmente?- en el centro del poemario, como si fuese el eje o el pivote de todo el libro. Ésta es su ultima estrofa: "Ahora que tanto muerto extraña / su noticia hasta exiliarse / bajo la tierra que acaricia los almendros. Rescatar una mano impoluta. / Mirar al mundo con ojos de poeta." ¿En qué consiste el mirar del poeta?

Me parece que esta es la pregunta a la que responde todo el libro. Mejor dicho, me parece que este libro es un catálogo de sus diferentes miradas del mundo visto a través de los ojos del poeta; no de cualquier poeta, sino Eloy Sánchez Guallart que se caracteriza, formalmente hablando, por una búsqueda infatigable de la imagen a través de la sinestesia entre términos que sorprenden en muchas ocasiones a la lógica o a la razón, o a la costumbre del lector, y por una sintaxis que introduce elementos de ruptura en el discurso habitual. Pero en ningún caso el autor busca conseguir una sorpresa gratuita en el ánimo del lector como un número de prestidigitación o como una fulguración hueca, sino que , a través de estos recursos -entre otros- el poeta propone al lector continuas paradas en el viaje al que le ha invitado, como si fuera un apasionado cicerone que muestra detalles que a cualquier visitante podrían pasarle desapercibidos. El poeta profundiza en este sendero y se adentra en los mundos próximos a lo surreal

que, como todo el mundo sabe, exploran ese territorio denso e irracional donde, sin embargo, se gesta lo que somos. La lógica castesiana y racional según la que nos movemos a diario, sin embargo, se sustenta a menudo en el magma candente, vivo e inestable del subconsciente, donde se mezclan, cruzan, chocan y generan lo que somos, lo que fuimos, lo que vemos, lo que vimos, lo que nos gusta, nos disgusta, nos emociona o nos repele.


Para leer Manifiesto asténico convendría dejar la lógica adormecida o distraída en otros menesteres y aupar a la intuición y el sentimiento al primer plano de nuestros cerebros lectores, para que sean ellos -bien secundados por la emoción- quienes nos guíen. Se trataría de encontrar el atajo para que el latido del poeta conecte con el propio del lector.

El poeta se adentra sin miedos y sin dudas en ese territorio submarino donde habita -no lo olvidemos-  la esencia de lo humano para declarar la guerra a cuantos agreden la justicia y engendran la violencia. También vivimos tiempos fulgurantes, de rápidos cambios que exigen sintaxis intercambiables, que exigen el compromiso irrevocable del poeta: "escribo porque el mundo se compone / de espanto y arrebato"  proclama el octavo verso del poema inaugural del libro, que titulándose Poética, no ocupa tal lugar por casualidad.

Pero aún antes, en los dos primeros versos, establece con nitidez los horizontes de su obra, una semilla que se fraguará y crecerá -hacia fuera y hacia dentro- a lo largo del poemario: "Escribo con la mano que te toca. / Disparo palabras en cascada". Es decir, el poeta es el mismo cuando escribe y cuando ama. Y el mismo ser que ama ("te toca") es el mismo individuo al que la vida le obliga no a decir -o escribir- palabras, sino a dispararlas en cascada, o acaso en defensa propia ante un mundo que agrede, humilla y confunde. Y aunque el amor tiene mucho de obra en construcción, de dudas o incomprensiones o silencios, es el amor -¿quizá la amada?- quien otorga sentido a la confusión y a la podredumbre y al hastío, en resumen, a la astenia que producen el mundo y respirarlo.

Como cualquiera observa ya en los dos primeros versos, uno puede demorarse el tiempo que desee. No hay en los versos de Sánchez Guallart una lectura lineal y unívoca, sino más bien una lectura tipo iceberg. Si uno lo desea puede quedarse en la novena parte que flota en la superficie, pero ha de saber que le quedan ocho por contemplar y para ello no le queda más remedio que zambullirse.

Quizá por todo ello, Eloy, en más de un poema, se guiña a sí mismo una sonrisa y nos sorprende con un quiebro en la sintaxis, en el sentido. Al fin y al cabo el mundo en que vivimos está lleno de semejantes contradicciones, de desperfectos lógicos, por así decir (y no pondré ejemplos por no cansar): una turbamulta inabarcable de estímulos, ruidos, señales, brutalidades anti-natura, que nos asedian, e incluso nos invaden.

Nada de esto es ajeno a este libro. Las tres partes en que se divide Manifiesto asténico avanzan o se engarzan en estos dos temas capitales del poemario (amor / mundo) expresados de ese modo que se aproxima al surrealismo, lo que convierte a sus versos en paisajes atractivos para cualquier lector de poesía que pretenda explorar, junto al poeta, esos territorios que, aunque no lo sepamos, son los cimientos sobre los que se asienta nuestra existencia.









2 comentarios:

Sofía Serra Giráldez dijo...

Felicidades, querido Eloy.
Un abrazo muy grande.

Amando Carabias María dijo...

Enhorabuena, Eloy, por este magnífico libro. Ha sido una auténtica gozada leerte.