lunes, 14 de enero de 2013

Cowboy Junkies



Se nos hace tarde
la tarde
narcotizada.
Se nos hace corta la vida
pendientes del cobro
y la mudanza.

El viento enfermo agita las copas de las nubes.
Una melodía lamenta la condición opaca de sus notas.
Renmin Park está tan lejos
que una melancolía de pájaros asusta
y paraliza la mitad derecha del rostro
o la izquierda
si miramos al espejo
o nos miran.

Diviso el papel a oscuras
la cuadrícula silente que se resiste a ser escrita
en una tarde comatosa escuchando a Cowboy Junkies
como si no hubiese lugar para las máscaras vespertinas
y pudiera borrar con un peso de plumas
todas las sentencias que se atragantan
los agujeros simbióticos
la ira caducada sin refuerzo.

Ya quedan pocas maneras de estrangular un silencio.
Anoche me abrasaba una boca
y no pude gritar
mi pequeña muerte
mi ángel desbocado
en blanca extremaunción.

Mañana la alfombras extenderán su placidez textil por los lunares del día.
Yo repetiré la extinción de los saurios
una vez más como cada lunes
como cada derrota aullido calavera
o arroyos reptando hacia la oscura noticia.

Me extiendo hacia los límites de la nada
un cielo a contraluz va apagando sus márgenes.
Me despeino aún más si es posible.
Todos los coches han encendido sus luces.
Cierro sesión en Spotify.






2 comentarios:

Ramón Ataz dijo...

Spotify, también él, es capaz de inspirarte un buen poema, Eloy. Me ha gustado mucho este poema, pero eso ya va siendo habitual.
Por cierto, aprovecho para darte la enhorabuena por tu manifiesto asténico. Por lo que llevo paladeado de él es un poemario cojonudo. Solo ese primer poema que lo abre ya me dejó enganchado. Ah, y gracias por la dedicatoria...

Un abrazo.

Ramón Ataz dijo...

Ah, y no te lo vayas a tomar como un comentario cortés por mi parte, repaso muchos poemarios en las librerías con un optimismo por mi parte digno de mejor causa, en busca de algo que me haga gastarme parte de mi recortado salario, y te aseguro que este es de los pocos que me compraría con solo hojearlo.

Otro abrazo.