miércoles, 16 de febrero de 2011

Pleamar.

Tras las ventanas
la primavera podría ser un terco renacer,
una celeste euforia boca arriba,
la pureza de la lluvia en los linderos.

Los árboles del parque
reciben el sol en la oquedad
sucia del tiempo, la hendidura
que el abrazo del astro cauteriza.

Suena Nick Cave
como un mantra taciturno,
The Good Son, y su letanía
me interroga a la hora del almuerzo:

Father, why are all women weeping?
They are weeping for their men.
Then, why are all the men there weeping?
They are weeping back at them.
(1)

La vida se prolonga en los espacios
infinitos entre los libros
que pueblan los estantes
perfectamente catalogados.

De súbito, una nube, mancha
de gris la ilusoria imagen imposible
de un sueño diurno que no lo fue.

Y el bardo autraliano recita
tras las huellas dactilares del piano:

I don't believe in an interventionist God
But I know, darling, that you do
But if I did I would kneel down and ask Him
Not to intervene when it came to you
Not to touch a hair on your head
To leave you as you are
And if He felt He had to direct you
Then direct you into my arms
Into my arms, O Lord
Into my arms...
(2)


(1) Fragmento de la canción The Weeping Song del disco The Good Son (1990) de Nick Cave.

(2) Fragmento de la canción Into My Arms del disco The boatman's call (1997) de Nick Cave.

2 comentarios:

Cita dijo...

Me tienes que enseñar a que yo sepa hacer cosas asi... que siempre que trato de ser tan poeta me quedo en tan...

yo flipo contigo chico (gracias por hacerme practicar mi inglés)

Besos

Cita

Paloma Corrales dijo...

"La vida se prolonga..." como lo hace tu poema que se extiende y reactiva un flujo placentero entre música e imágenes.

Besos.