viernes, 17 de abril de 2015

La pesadez


Visto desde el quicio
del embarcadero
este amor se desluce en trincheras
o en sendas minúsculas de difícil empuñadura.

Unos ojos
que te ven hacia la frente del cotidiano milagro
disgregan el foco hacia un país extraño.

Para qué, entonces,
los nombres de las cosas, las preguntas,
si estaciones de paso vacías
y viento indescriptible.

Dónde esconder la suciedad
de un suelo de otoño anidando febreros.

Se vuelca el paraguas de puntas aceradas
en un día básico
con sol y azulceleste.

Las paradas del mercado central
venden nuestros restos a precio
de amor inacabado.