jueves, 2 de abril de 2015

El corazón del sueño


La gallina de hierro
descuartiza el sueño.
Propone avenidas en las que el cuerpo
es el único reducto tolerado.


Ojalá fuera cierta la noche
transparente y eternamente elevada
sobre todas las cosas que trascienden.


He dormido cuatrocientas veces la sed del hombre
y una puerta de acero bailaba con el viento.


Una vez pude llegar a una estación
que no estaba vallada.
 

Calculamos la distancia a tu cuerpo
en bocas con labios.


Es universal la excrecencia soportable
la tara en la palma de la luz
cuando los perros remontan el frío
y la lana es una abulia que llega desde el pelo
con ganas de mancharse
de grises y de sombras.


En este sueño
he dormido ciudades de otro mundo
como si por alguna razón
los relojes
dejaran de ser
la daga de un continente
el enemigo inevitable del amor

o un arma
de bolsillo.