martes, 3 de septiembre de 2013

A dos manos



Hamaca paraguaya
que come cáscaras
de pino de arena
para quedarse sin letras
mientras el pájaro,
de oficio carpintero,
no deja adivinar
el origen del sonido y los silencios
pasan silbando a nuestro lado.

Tu ombligo se traga piñas,
mi tiempo se descubre francés,
cuando la noche llama a la puerta
que abre en diáspora su doble vertiente de tejas
y el gato negro de pies blancos
nos mira indiferente
pero solo se restriega en mis tobillos.

Toma la corteza seca y haz un hueco en esta cama,
escribes en el tronco de un ciempiés,
y mis manos varadas
en la encrucijada de una pista forestal
mueven las ramas más altas

Lánzame un boomerang a la hora del vermut
o reúne un congreso de ardillas
para pasado mañana
porque la altura de bosque no podremos alcanzarla
hasta el próximo aniversario,
esa medida de tiempo
tan disparatada.