jueves, 19 de agosto de 2010

En las ciudades imperiales.

Ellas
se ciñen berberiscas cimitarras
a la pálida cintura
tras la que rebotan los ecos
de años y calendarios.

En las ciudades imperiales
vieron el acero frío en los ojos
de las altas mujeres orgullosas,
pero ellas
-mujeres que corren con los lobos-
no son diosas
de arcanas mitologías,
tienen el sexo candente,
la mirada limpia
y la sed en los poros,
y crecen cual girasoles si el Sol las acaricia.

Son
las que levantan sus faldas si miramos
y pergeñan historias como panes,
son libros que se cierran verticales
y anticipan un amor que no es
amor cercado, silente amor, amor en vano.

Son las que sueñan desiertos, con sus jeques y sultanes,
y oasis en la cocina,
mujeres que me estremecen
con sus cinco continentes,
su porvenir de arena,
su suerte colosal.

Mujeres de epicúrea belleza
y enigmático misterio.

3 comentarios:

Meri Pas Blanquer dijo...

Esas mujeres son para pensarlas...

Precioso texo.

Meri Pas Blanquer dijo...

Texto quise decir.

Carmela Rey dijo...

No debo dejar de felicitarte por este hermoso poema que no me canso de leer. Tiene un encanto extraordinario. Me he paseado un rato por tu blog y me ha gustado mucho tu trabajo. Enhorabuena.
Un abrazo