lunes, 7 de noviembre de 2016

Olvidando el poema




En ciudades invisibles
recorro la doble aguja
por relojes suspendidos
en las blandas aceras del sueño.


Vehículos que me llevan
a lugares que ya vi y no son
los lugares que estoy viendo.

Voces o rostros del ayer
mirándose en el ahora




Canciones puestas del revés
por el enano de Lynch suenan
en el humidificador 

mientras respiro o duermo.

Danzo a la lluvia inversa
en el bosque crepúsculo de Nara.
Una parte de mí ya está dentro
se queda y no vuelve
al lugar imparcial que me sustenta.


Los ciervos comen
de la mano de turistas
junto al templo de piedra.


Aquí pertenezco a la tierra
soy una parte del viento
que azuza las sienes del bambú.

Con el dedo en el atlas
ejercito el eterno retorno.

Me amanece el sonido
despertador continental de hora fija.
La penumbra
se está resquebrajando.


Despierto
y cada mañana
olvido el poema.