jueves, 18 de junio de 2015

La casa



La casa debe esperar.
La casa sabe esperar.
 

Le urge el cambio,
tiene toda la luz disponible
para plantas de interior
y puertas desvencijadas,
armarios de falso fondo corredizo,
ventanas reticulares
que pierden piel
a cada viento,
niñas de días cortos
y un solo mes
que quieren crecer con prisa
hacia el sol,
amores extraños,
como todos los amores,
de gentes extrañas,
que juntarán sus cuerpos
en lugares que fueron
una ronda que invita al dolor
o a la mísera oratoria de la lágrima.


La casa aspira a ser otra cosa,
otra casa. La que late
al ritmo de los seres que la pueblan.
Otras vidas añadiendo vida
a la rueda que gira
como si fuese la primera vez.