domingo, 25 de mayo de 2014

Blogueando: Poemas de Manuela Paso, de su blog Le ruego, considéreme un sueño




Voy a atreverme a decir que ahora sí,
después de la pareja del espacio,
tus hombros son de sed y de sidra.
Voy a decir:
tus costillas con mi cérvix,
mis aductores para el paladar blando,
la línea de la vida sobre mis pezones.
Porque nadie escucha y aunque lo hiciesen,
insistiría en la cáscara de nuestros sexos,
haciéndome la mujer de los azules crujientes.

Ha pasado demasiado tiempo
y aporto pruebas
de cómo subes el volumen a las ventanas
y una ráfaga de plumas
entra en la bañera negra de los años pálidos
a cambio de un enjambre de burbujas con nuestras iniciales.

A pesar del tiempo,
en el que te manipulé
para que calzases cariátides y cafeteras ardiendo,
ahora crece un roble con palomas en el salón

y es elástica la muerte, la saliva y el pasado.

……………




Una vez
mis sábanas filtraron la vergüenza.

Algo pasó con los míos.

Lo dice este pijama rojo talla 12 y mis bragas troqueladas.
Lo dice este jabón de azufre en mi piel que no persona:

que coral,
que piel celosía;

que cuerpo monologante en el que viaja más rápido el dolor de todos
que la propia historia.

Soy un vehículo.

En esta psoriasis baila mi abuela analfabeta
su oleaje prohibido entre las piernas.

En esta psoriasis testifica mi madre amenazas paternas
a cambio de unas onzas de silencio con chocolate;

En esta psoriasis

hablan los abortos en agua caliente,
la cárcel,

la pobreza desmayada.

Agoniza mi padre
mientras la promesa ventrílocua de que voy a escribir pase lo que pase
se ata a la garganta de esa enfermera.

Fuí el vehículo en una escama.
Si ahora me desnudase seguiría el grito,
las violetas,
un hombre llamando al timbre,
las hijas sin derecho a guirnalda en la escalera,
un pájaro acabado en el felpudo,
pelos negros y
un disfraz de princesa de Galerías Preciados que no encontró la salida.


…………….




Hija
esta noche,
cuando todo el mundo se fue,
me elevé desde el tanatorio hasta tu cama
y te vi dormida.

Puse mi oído blanco sobre tu corazón
y estabas dormida.

Tu pareja te abrazaba
y dormíais.

No he sabido, entonces, qué hacer con el vapor de palabras
que traía  para ti el camino.
Para vosotros.

No he sabido qué hacer, entonces
con la insignia de plumas que para ti enramó el mar.
Para los dos.

Tampoco he sabido cómo brindarte el Aria
que la noche vertió para el esclarecimiento de la verdad.

Para el esclarecimiento de ambas.

Hija,
no me he atrevido a despertarte.

A pesar de saber
que mañana correrás hacia mi cuerpo álgido, cuesta abajo
como una pasajera sin billete a lo desconocido.

A pesar de saber
que suplicarás que nos dejen a solas un minuto
                                                            y otro                                                    y otro 
y te dirán que ya no más y gritarás

y gritarás y te sujetarán. Te sujetarán

y te darán una pastilla para los nervios.

Hija mía, mi amor, duerme
porque me consta que mañana
llorarás
                                             y llorarás                                                   y todo tu tiempo.



……………







Tú no tendrás una mujer esta noche.
Acepta los hechos.

Las doncellas caprichosas
se apiadan sorprendentemente esta noche
de ese cerdo indultado.
En su piara
le sonríen, le hacen gracias,
le dan besitos rosas en su desproporcionada cabeza.

Es frustrante pero
tú no tendrás una mujer esta noche.

Ellas han decidido sacar a pasear sus lebreles.
Les llevan comida dentro de sus sujetadores de Snoopy
y en sus pantys se huelen entramadas.

Así que admítelo.
Tú no tendrás una mujer esta noche.

Tetas salpicadas de brillantitos y pasos amarillos de Converse
a por unas copas.

Un caballo relincha en la barra, gozoso
ante la mirada de dos madrastras:
también éstas
están ocupadas
esta noche.

Pensaste equivocadamente que serían más fáciles:
son rápidas, listas y no marean.
Sin embargo,
intrépidas y borrachas,
se tiran a las crines de este alazán
como si se  atreviesen a acostarse con un hijo.

El semental cabecea entre dos mujeres y tú
no tendrás ninguna esta noche.


Sé comprensivo. Escúchate
olfatear tranquilo
todos esos perfumes en todos esos vaqueros
y mientras dejas que se cobren los otros el botín,
imagina templado
el peso de los ombligos bajo las ropas de las camas.

Sé sabio. Todo llega. Sonríe

asumiendo la carencia de un sudor golosina,
de un halago en voz baja con la música alta,
de una disculpa ante el empujón
que deja en evidencia una vacilante virilidad.

Aunque la noche
no te ofrezca la mujer que  mereces,
hazte un verdadero hombre entre los animales.