lunes, 13 de agosto de 2012

Ideas para tu hogar






Y mis manos mínimas, mi caballo de hojalata, mi nombre, mi hombre, las puertas desmembradas en fila de a cuatro
¿Dónde?

Las paredes se abren y el cielo no se agrieta.

Un ciclista anónimo rebusca en los depósitos
golpes de mar, tablas de náufrago sin bridas.
Rebosantes de lodo, las parejas sin rostro
ensayan un penúltimo suicidio.
¿En qué lugar sus espaldas fueron un puente
que supura derrota en sus ojivas sin líquido
a que aferrarse?

¿Y qué hago ahora con la playa de los sábados despertando,
con la mancha en la sábana y esa
linda sima en la comisura?

¿En qué habitación pongo este vagar
por esferas de horas líquidas?

¿Dónde el sudor y la química,
los fluidos de la quincena encendida,
dónde el verso con cansancio y edad,
la simiente estricta?

He encerrado las cortinas de ayer
en el fondo del trastero.
Me despido de nada 
y entreabro un paréntesis.