domingo, 10 de julio de 2011

Madrugada



Estoy solo
en la habitación naranja.
El vientre de Julio se abisma en las ventanas
con sonidos y aromas,
fatigas
de indecible porvenir.
Hay hombros que lucen, impostada, la caricia
y hay piernas inasibles
que prometen su esencia
en la oblicua mirada de unos ojos
que no atisban
a vislumbrar el aerolito
que señala el camino a las pulsiones.
Dentro de ti, y sin ti
brota en azahar la fuente
ignota que ignora
mi nocturnal desahucio.
Silba un silencio antiguo en la metrópoli,
un navío surca el lecho
del mar, amor, y yo divago
-tinta roja, papel lacio-
y esta estúpida indulgencia que me dejó
tu ausencia en el costado.




4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ha que sabor tan distante y a la vez tan cercano
se queda plantado en la garganta.
Me encantó.
Gino

Ramón María dijo...

Sentir tan cerca, estando tan lejos. Noches de insomnio por éste servidor conocidas. Bellos versos.

Abrazo

rubén lapuente dijo...

La claridad auténtica de la verdad diurna nuestra en la duermevela; atados al lecho del desvelo. Cada uno con sus fantasmas esperando a que el ojillo de la persiana se abra con la algarabía del día que todo los posterga.
Cremallera de tu vida que nos abres y que al salir cerramos muy despacio.
Un abrazo

Ramón Ataz dijo...

Baste con decir que me ha encantado este poema que siento tan cercano.

Un abrazo.