domingo, 3 de mayo de 2015

No debí dormirme aquella noche


No debí dormirme aquella noche
cuando volviste de las calles
y eras casi mayo.
En tu pelo y en tu boca
se extraviaron mis límites.
Me manché de ti
y no fui damnificado
por las líneas ondulantes
que te reconocían
tan bella y más mujer
que en las noches de agosto
de madrugada
junto a la ventana.
Ya ves
vuelvo a perder el tiempo
y tu cuerpo.
Ocurre
que la vida acaba
que la piel acaba
que las noches nunca son intercambiables.
No debí dormirme
como otros tantos
los personajes afines
de una novela aparcada
en la página 36
pero
tengo la edad de la hojarasca
y no me queda bien cualquier sombrero.