viernes, 19 de julio de 2013

Blogueando: María Sotomayor y sus Cartas desde Reykjavik



koss i Reykjavik




"tu elemento mojado

el mío roto
tu uña manchada,
la leche de las mil pieles
que me anidan
en el regazo"


Ni siquiera existe la posibilidad de cegar el eco,
digo,
es algo inutil,
me acopio al viento en su arraigo,
su extrema espuma con forma de cadera,

es posible más delirio
reconstruyendo el beso en el invierno,
el paso inconfundible del surco hasta la boca
y yo comenzando a bordar semillas,

recuerdo
que me naciste en el tiempo de la nieve
haciéndome del amor una muerte más fácil,
una hilada cicatriz encallada en el lomo
por el hambre que coronaba la belleza.




 

domingo, 14 de julio de 2013

Rosa y Antonio


Antonio está pescando. En este sueño
el mar es negro, negro y transparente,
el mar donde boquean los peces y saludan
a mi padre que ha cumplido 40 años y ya no fuma.

Rosa es diminuta como un pájaro pequeño.
En este sueño su edad es imposible. Está
sobre las rocas enredando sus dedos con un pulpo
mientras el sol es un manto polisario.

La escollera aún no ha sido conquistada por la arena.
Quedan años, figuras humanas de anchuras diversas,
graznidos, extrañas nubes inventando atlas.
Regreso a Antonio. Su capazo repleto de peces.
Los otros pescadores le jalean. El verano
cae en copos de sopor igual que las hojas cuando
duermen su otoño en avenidas y la vida
es un dulce rumor en el que la muerte aún no tiene un nombre
que la distinga de otras palabras. Mi sueño es
una pesada losa de sudor frente al mismo mar
en el que un día sus cenizas serán pedazos
de flores maltrechas jugando al escondite con las corrientes.

Llegaron la comida y la bebida. En el porrón
de vino y casera las lágrimas de agua serpentean
cayendo a plomo como la tarde y los años
que nos contemplan desde el oscuro país
en el que Rosa y Antonio paseaban de la mano
de camino al mercado del pescado, siempre el mismo
camino en dos direcciones distintas y complementarias.

Cuando termina el sueño apenas alcanzo a ver el mar
detrás de las almenas de la planta petroquímica.
Rosa y Antonio son ahora unos desconocidos que practican
un lenguaje extinguido. Sus cuerpos se han dejado
inundar por la maleza. Huele a algas secas en la orilla
de esta madrugada líquida en la que invento un sueño
que me haga recobrar el tiempo mientras a lo lejos
se difuminan las montañas azules, el sol de agosto, el salitre
en la piel, las últimas gaviotas, el mar con sus pequeñas
muescas de plata, saludando a la vida, que nos queda.



martes, 9 de julio de 2013

Resumen de titulares



En qué lado estamos vida mía?
Nos colocamos de pie junto a la puerta
o la empujamos desde fuera
y la echamos abajo
con la fuerza intacta de una cordillera?

Es un sueño en el cuarto de baño
tendido sobre las baldosas
o goteando de sudor y semen
figura diagonal en una cama
anestesiada. ...........Siempre
habrá un cuerpo en el que arder.

Revolución. Palabra inerte.
Primavera
… o … muertos inservibles.
Cunetas apiñadas de inútiles promontorios.
Imágenes que apenas llegan a mojar
el primer bocado del menú del día.

Bostezo
… como cereal o nuca
un producto más
… en apenas dos minutos
tendremos los deportes.



lunes, 8 de julio de 2013

Poetas de guardia: Concha Garcia


Dejando de amar

Ya no le digo te quiero a nadie,
he perdido el sur del vestido y las
costuras se abren, parezco una tela
inflexionada, una rota lana.
Me río de tanta lluvia, a veces
el aliento es iracundo y lunático,
la frescura y el atrevimiento
se han hecho detritus, pondero
por eso todo amor deshilachado,
me aceito de madrugadas pasivas
y al mirar por la ventana se va
aquel dramatismo de antaño,
aquella ira romántica que
ponía un precio a la aventura.



El recuerdo

Una pena repta por su ombligo. Ayer
ayer me dijo oblicuamente amor mío y
hoy, hoy tengo que ser áspera con la memoria,
enlazar las manos con ansiedad, tomar cafés,
hacerme cueva o nimiedad.



Te lo ruego

Me encontré tan menuda, tan
encogida, ovillada en eso
que la taquicardia auguró.
Doce o trece horas de amor desmedido
maldita sea hoy, cómo avanzaba
la sabandija entre mi letargo
haciéndome diminuta
el tiempo crecía. Me puso las manos
encima y me queda
ese temblor.



El efecto de un paisaje



Es la una y treinta
medio cuerpo asomado
a la vida entera. Desapercibo
un raro calambreo que nace
en las piernas. Brilla lo que
queda de luna. Mis oquedades
buscan ritos, mis soledades
están sobre los zapatos
que he deshebillado
porque me ladeaba su presión.
Estoy entera como la vida que miro
como la vida que me deja
me deja medio cuerpo asomado
a ella.



La derrota da pruebas de que estamos vivos



Recuerdo dos horas seguidas.
Luego un abatimiento. Se filtraba
la luz, pero anochecía. Yo era otra.
¿Dónde estará aquella ropa?
Era la misma que soy ahora.
Menos cosas que recordar
menos vida, o más vida, o poca
vida. O ninguna vida por delante
ni hacia atrás. Mi vida. ¿Qué es mi vida?
Estaba sentada en otra silla: lo recuerdo,
estructura de madera recubierta de lona.
Sobre una mesa con el cristal resquebrajado
escribí un poema, ¿o era el mismo
poema? Un ansia de recordar
lo invade todo y decido escribir
cinco o seis poemas más. Me llevan
a raros lugares donde estuve. No sufro.
Sufría. ¿Mejor o peor? Abatimiento
porque recuerdo la misma soledad.
La misma soledad no me convierte en otra persona.
Será ése el hilo, mi fantasma, mi amor,
el que me eleva y me deshace, pero no
me perturba. Sería cuestión
de sentir distintas soledades. Varias soledades.
Que muchas soledades se agolpasen de pronto
para ir al supermercado, o sintiendo
deseos de ir al mar. Que todas las soledades
se dispersaran para confundir ésta: tan real.
Y al ser tantas, podría elegir matices,
colores, estelas: varios poemas para varios estados
y no escribiría el mismo poema
al repetir esta exhalación que sólo oyen
ciertas solitarias al chafar la colilla
con la punta del zapato.



Leve delicadeza



No sé. Abro el buzón. Llegan
aquellas cosas mal puestas
en una silla o sobre ella.
Aturdirme de letras,
vivir tardíamente dos pasos
lo justo para intransitar lo cotidiano.
Verme en el espejo: sí, otro día.
Sí, son varios. Sí, fueron muchos.
No sé. Llegar, doblar la ropa
otear la casa, el interior de la casa,
de soslayo, y a veces de frente
sin dejar de examinarme. Es eso.
Sí es eso. La felicidad no tiene temblores
ni arquea días. Es eso. Fíjate
qué cotidiano. Qué leve delicadeza
casi a solas.




Extravío

Viajamos. En un lugar preciso
inexpresivas bajamos la maleta.
El rumor da paso a la escalera
y después nos rodeamos con los brazos.
Abre una. La otra no sabe
si la emoción durará,
sabe que en el fondo, muy en él,
una lluvia de cosas tontas
comenzará a anegar un poco
la pared. Chiquillería y portazos.
Suave viento que estrena la ciudad.
La silueta de ambas en un futuro
ya lejano. Se deduce en ese instante,
un hermoso minuto, y si la pena
es una alteración depresiva del ánimo
cuando se pierde algo,
la melancolía surge cuando el objeto
extraviado es una misma.



CONCHA GARCÍA

 

martes, 2 de julio de 2013

Smokie Eyes



Asisto
a tu enésima dimensión
rodeado de jardines públicos
circunvalaciones
de vehículos a motor
y cantos primordiales
me aguijonean tus ojos de acecho
en un prado lunar
los rieles de tu bostezo
el sueño que te cubre cuando
la danza se viste negra
como el manto de la noche.

Hay veces
que me distraigo de ti
perdido en espirales
de gravedad permanente
pero todo vuelve
cuando te muestras despacio
desde la estatura de la sed
biología intermitente
que ha logrado remontar
las cascadas del espacio y el tiempo.

Como la casa en el árbol
y la lámpara de sal
en la mesita de noche
.



domingo, 30 de junio de 2013

Blogueando: Dos poemas de Alvaro Guijarro




Iré desnudo y con los pulmones llenos
por los riscos de plateadas cavidades
que, tranquilos, descansan sobre el mar.
Una sinfonía de acero y trigo al viento
basará el espacio íntimo de mis ideas
y las aguas bañarán mi cruz deformada
hasta que el orden sea negro y blanco.
Seré joven capitán de mareas, fantasma
en la mañana, y entre largos tenedores
beberé cabezas de fibrosos moluscos
cerca de una horda de locos marineros.
No pensaré mal de los niños rizosos
que juegan a dormir equivocadamente
cerca de los cuchillos de las montañas.
Una vela caerá de lo alto de los tejados
cuando me pierda, y me guiaré, obtuso
ángel de música, hasta encontrar la fe
del guerrero con heridas como astros.
Vivo solo para un sueño extraordinario
donde una mujer vuele sobre mi noche
coronada por aromas, luceros y colores.
El mar está cerca, y mi cabeza no duda
ante la sabiduría extrema de los deseos
que despiertan como aves desbordantes.
Me desvelaré entre la arena de las flores
mientras la tierra se transforma en tambor
de brisa salvaje, corazón fiel y verdadero.
Golpe a golpe, nutrido por la naturaleza,
mi palabra recobrará el azul corpulento
del cielo, y no tendrá sentido el escondite
que lleno de miedo insulta a los hombres
medicados por el dolor de un falso espejo.



...


3.800


3.800: no recuerdo el tubo blanco,
sí el azote,
pero no la invisible pupila amarilla,
el ahogo de la hierba
o la parafernalia del beso abrazado,
un médico orgulloso
con gafas y oxígeno,
hay tripas aquí afuera, y candor...
Vengo de la columna
distinguida
de aquel astro que aburrido duerme.
Es bella esta colcha
y adoro la sombra nocturna
escamoteando la panza de mi padre.
La bombilla está ciega
y él la observa sin riesgo a olvidarla.
El hospital está en lo alto del monte
y soy tan pequeño...
En otro cuarto, alguien
-intuyo-
cuenta un cuento a punto de llorar.
Ningún ruido lastima
la sinceridad del aire.
Es como si las calles
hubieran subido a un barco.
Los perros se esconden en la niebla.
El calor me abrasa la cintura
y me siento llevado como en un baile.
Me engatusa la distinguida clepsidra,
tiene el color de mi infancia.
(Quiero descubrirme, ¡entendedme!...)
Prefiero que me avergüencen mucho
antes que no ver.
Porque quiero respirar como la rama
o el trigal
en la noche cautiva
donde aguardan los fantasmas. Soy.
Me acompaña
el sabor de los límites.
Mi cabeza es un hechizo angustiado
por mi propio ángel.
El pecho late con deseo hacia el niño.
La cascada, fuente de la imaginación,
está al otro lado,
y ahora espera detenida mis palabras.
Será mi madre,
mi madre virgen, y yo fui su regalo.


Alvaro Guijarro
Pangea




miércoles, 26 de junio de 2013

Hombres, hombre



Los hombres
son especialistas
versados
en múltiples materias
sus dardos duelen
a las camareras
y a las muchachas del verano.
Los hombres
convictos de su historia
prisionean su rol
hombres cazadores
vaginicidas
trileros de tres por nueve
hombres con anteojeras
apilados en las barras de los bares.
Los hombres en el extremo
del continuo
que juegan a las cartas y no lloran
se sientan en la mesa
al lado de los hombres
y reparten beneficios:
dos o tres chistes machistas
y un vídeo pornográfico.
A los hombres
que inventaron el dominio
la lucha y la sumisión
como las más simples palabras
y descubrieron
que la violencia
era una estricta forma
de avanzar
les sobran municiones
les faltan delantales
y unos ojos que miren
más allá de la piel.

Yo soy un hombre.
Yo no soy un hombre.